Dramáticas Manías de Teatro

Y contigo, no cometeré los mismos errores del pasado. Porque a él no quise llorarlo por orgullo y se me clavó tan adentro que temo que jamás saldrá de ahí. Ahora que las cámaras están apagadas, que los técnicos, el equipo de sonido, el director y el resto de figurantes se han ido, ahora que soy la única que queda en escena voy a llorarte, voy a lamentarme, voy a escribir en un papel todas las cosas que debí decirte y voy a quemarlo. Voy a tirar tus recuerdos, y las ganas de quererte. Voy a quedarme seca de ti. Y me iré, me iré del teatro dónde un día representamos nuestra historia. Esta obra inacabada de pocos actos y mucha intensidad. La de pocos espectadores, nuestro relato secreto. Nuestros suspiros, y los susurros. 
Así, tal vez cuando por fin vuelva a casa, con los ojos hinchados, la garganta seca y un dolor de cabeza tremendo, no recuerde como te llamabas. No recuerde por quién he llorado. No sepa porqué me sangra el corazón, aunque en el fondo esté claro que es por haberme sacado tu espina con demasiada fuerza. No quiero que vengas a verme, no quiero que me llames. Por favor, no lo hagas.  Porque en el teatro se quedará todo lo que nos relaciona. Lo que pasa en el teatro, se queda en el teatro, ¿Recuerdas?. Y antes de volver casa y sentir que todo acabó para siempre, cogeré una antorcha incendiada con el fuego de nuestros encuentros, esos encuentros fugaces, ardientes, encuentros pasionales,  y haré que arda. Que arda como arden mis ganas de ti. Que me queman, que me abrasan, que todavía me pueden. Que curen mis quemaduras. Y ojalá queden cenizas donde hubo fuego, ojalá las arrastre el viento hasta tu puerta, ojalá así comprendas que yo te he olvidado. Y ojalá yo empiece a creérmelo también.





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La Suerte de Trece XI

Capítulo XI.
Día Nueve, Un beso de Amor Verdadero.

Me ayuda a volver a la cama, me pregunta si me apetece tomar algo y niego con la cabeza. Me arropa con cuidado. Aprovecho ahora que estoy cubierta con las sábanas para quitarme la toalla. Me mira y enarca las cejas.
-¿Estás...?
-Si - Respondo.
-Oh... Vaya...
He dejado al doctor sin palabras, no me había pasado en todo el tiempo que llevamos juntos. Sonrío y él me mira inquisitivo, no puede predecir mi próximo movimiento lo he dejado en blanco. 
- ¿Por qué no te tumbas aquí conmigo?
Noto como se ruboriza, por una vez no soy yo. Sienta bien. Me muevo un poco en la cama para dejarle espacio, y se acerca. Se queda recostado a mi lado, y juega con mi pelo. Me acaricia la frente con delicadeza, y me aparta un mechón de pelo de la cara. Nos quedamos así, muy juntos, muy cerca. Respirando el mismo aire, compartiendo el oxígeno. Parece como si nos necesitásemos para seguir viviendo. Noto como vuelven las mariposas de mi estómago, las imagino revoloteando, desquiciadas, suplicando a gritos lo que yo no soy capaz de pedirle. Y pasa. Nos besamos. Y esta vez, esta vez es mucho más fuerte que en el salón de baile. Mucho más sincero. Mucho más real.
Y se prolonga, y se convierte en el momento más feliz de mi vida, de mi nueva vida, de la vida de Trece. Trece que nació sin suerte en un campo de concentración el día que Anava murió, Trece, el nombre con el que me bautizó él. Trece y su suerte. A punto de morir y más feliz que nunca.
Cuando nos separamos, se produce una extraña reacción y es que no pasa una milésima de segundo antes de que vuelva a besarlo. Porque es una necesidad como si mis labios y sus labios fuesen imanes de polos opuestos, una atracción que era imposible evitar.
Esta vez, cuando acaba ese momento, lo miro a los ojos, lo miro como jamás en mi vida he mirado a nadie, y él me mira como si jamás quisiera volver a mirar a nadie. 
Hablamos mucho aquella tarde, nos besamos mucho. Lo que más lamento es no haberlo hecho antes. Porque nunca antes me había sentido así. Porque él me hizo rozar las nubes, porque tenía las dos estrellas más bonitas del firmamento en los ojos, porque el brillo de su sonrisa habría eclipsado a la luna. Porque a estas alturas de mi corta vida, había conseguido enamorarme. 
Descubrí que el amor, es ciego de verdad, que no entiende de razas ni religiones, de edades, ni de cultos. Cuando te enamoras no tienes escapatoria, estás perdido. Perdido en el pelo de otra persona, enredado en su sonrisa, ahogado en sus ojos. Colgando de unas manos que no son las tuyas. 
Y es que él tenía la capacidad de volverme loca con una mirada, él podía besarme y hacer que olvidara todo lo malo, que no era poco. Sólo él sabía hacer noches eternas, y días infinitos. Porque al principio contaba los días desde que llegué del campo de concentración y él ha hecho que esos recuerdos parezcan una simple pesadilla, como si no hubiese sido real. Como si siempre hubiéramos estado juntos. 
- Wilhem... No sé si hay algo que tú no puedas hacer- Dije y de nuevo volví a besarlo como si el fin del mundo estuviese cerca.
En realidad podría haberlo estado, porque en el momento en el que lo besé un ruido sordo entró por la ventana de la habitación haciendo retumbar la estancia. Una bomba. Están bombardeando. El sonido me recuerda al principio de la guerra, los malos recuerdos vuelven, pero no por mucho tiempo. Wilhem me sostiene el cuello y me obliga a mirarlo.
-Esta vez es distinto - Me dice - Yo estoy contigo y voy a protegerte.
Ya no tengo miedo. Ya no estoy sola. El mundo puede ser un lugar horrible, hasta que encuentras a alguien que te protege de él. Que te enseña a disfrutar de las cosas pequeñas. Que te hace ver que también tiene sus cosas buenas.
Uno, dos, tres, cuatro, y hasta cinco besos de amor verdadero en una sola noche. Ha cumplido su promesa. La ha cumplido con creces.





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Correspondencia Ajena IV

Participa en CORRESPONDENCIA AJENA (os recuerdo que podéis dejar un comentario en la página diciendo sobre qué os gustaría escribir).

Emisor: Marido destrozado. Receptor: Su mujer que le ha sido infiel.
Cariño;

Si es que puedo seguir llamándote así, te escribo esta carta porque no soy capaz de mirarte a la cara para decirte todo lo que tengo en mente. Ha sido cruel por tu parte engañarme, pero más aún que lo hayas hecho con mi mejor amigo. ¿Qué derecho tenías a destrozarme la vida? Y ahora quieres volver arrepentida, asegurándome que soy el hombre de tu vida. Pero te callas lo importante, que estás embarazada, que no sabes quién es el padre. Acaso esperas que me haga cargo dede él sin saber si es o no sangre de mi sangre? Sé que no tiene la culpa. Que es tan solo el fruto de una noche. El milagro de la vida que se hace realidad, un sueño para muchos, pero una pesadilla para mí. Esa pobre criatura significa para mí, la auténtica personificación de tu engaño. De tu infidelidad. Y lo peor de todo es que te sigo amando como el primer día. Que no te culpo. Pero ahora, cuando te miro, ya no veo a la mujer de la que me enamoré, por la que lo di todo. Esa mujer con la que me casé. Ni tampoco aquella a la que besé en lo más alto de la Torre Eiffel, cumpliendo tu sueño desde niña. Cumpliendo mi sueño de hacerte feliz.
¿Cómo hs podido olvidarlo todo? ¿Cómo has sido capaz de acostarte con otro? ¿Cómo has sido capaz de mentirme?
Hazme comprender por qué lo has hecho, y quizá pueda intentar perdonarte. A día de hoy, te sigo queriendo, a día de hoy, duele el engaño. Ayúdame a superarlo, o quizá mañana sólo sienta lástima por ti.

Atte; Tu marido.




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La Suerte de Trece X

Capítulo X
Día Ocho, Caricias bajo la piel.

No puedo moverme de la cama sin que el dolor me abata, no puedo aguantar el fuego que hace arder cada milímetro de mi cuerpo. Me mira preocupado, pero sabe que no puede hacer nada por mí. Aún así no cesa en su empeño de hacerme más llevadero el calvario. Sé que en el fondo se culpa, aunque no me lo diga porque sabe que le pediré que no piense eso. 
-Mis días están contados - Digo en un tono de voz casi inaudible.
-No digas eso.
-Los dos lo sabemos. Evitar hablar del tema no hará desaparecer el problema.
El silencio inunda la habitación, por primera vez desde que estoy con él que hay un silencio incómodo, apagado, que convierte la estancia en un lugar desolador. Es como si de una vez por todas hubiesemos caído en la cuenta de que la muerte está tras la puerta de la habitación, esperando su turno para entrar, para llevarme con ella a un lugar inhóspito. Desconocido. Aterrador, en cualquier caso y de cualquier modo.
Tengo miedo de irme sin llegar a expresar lo que siento, no quiero abandonar este mundo sin que él sepa todo lo que he llegado a sentir. No puedo marcharme sin confesarle que no sé exactamene en que momento, ni cuales fueron las palabras, pero que me he enamorado de él y que lo que siento es tan fuerte que me oprime el pecho, y me hace necesitarlo a cada instante.
Trato de hablar, pero el nudo que se ha instalado en mi garganta es como un aviso, si se me ocurre enlazar algunas palabras y consigo a duras penas construir una frase legible, de mis ojos brotaran las lágrimas como si de una cascada se tratase. Y no es eso lo que quiero, mis últimos días no pueden convertirse en una lacrimógena sarta de cursilerias. Deben ser especiales, únicos. Debo irme de este mundo con una sonrisa y que Wilhem sepa que hizo más por mí de lo que podría haber deseado.
Se incorpora de la cama, y se va sin mediar palabra. Me quedo un poco fría, y tengo miedo de haber dicho algo que pueda  haberlo mlestado lo suficiente como para que se marche y no vuelva. 
Me quedo ahí un poco hecha un lío. Demasiado débil como para salir a buscarlo. Me hago un ovillo y me escondo bajo las sábanas, ahora ya no sé que pienso ni que siento. Tengo náuseas, y la cabeza me da vueltas, ¿Es el fármaco? ¿Se me acaban los minutos? ¿Qué me está pasando?
Oigo como se abre la puerta.
-¿Trece que te pasa? ¿Estás bien? - Oigo como Wilhem se apresura a acercarse a la cama, me aparta la sábana, y me acaricia la cabeza  con cuidado - Trece, estás temblando - Me dice.
Pero yo no puedo responderle, trato de hablar pero sólo consigo balbucear, de mi garganta solo salen gruñidos desgastados. No soy consciente del todo de lo que pasa en la habitación, pero noto que me levanta en brazos, en un momento dejo de sentir el mullido colchón para estar colgando en sus brazos, son fuertes y me sujeta con firmeza. A pesar del mareo que siento, deseo que no me suelte. Me lleva al baño, me pone la mano en la frente y supongo que tengo fiebre, aunque no oigo lo qu eha dicho porque me pitan los oídos, es una sensacion muy molesta y pienso que me van a estallar los tímpanos, pero eso no ocurre.
Wilhem se convierte en una especie de sombra vaga, que se mueve de un lado al otro, no puedo verlo con nítidez y eso me molesta. Me mete en la bañera con la ropa y abre el grifo, noto el agua fría, está tan helada que hasta siento como me cala los huesos. Wilhem me habla pero no entiendo lo que me dice, creo que me anima a luchar, que me suplica que no lo abandone. Poco a poco empiezo a cobrar la consciencia, capto los colores, empiezo a reconocerlo, su cara se vuelve más y más clara a medida que pasan los minutos. Alzo la mano, y le acaraicio la mejilla, me esfuerzo en mantener los ojos abiertos, ya no me pesan tanto los párpados.
Tengo el camisón completamente pegado al cuerpo, estoy congelada y empiezo a temblar. Coge unas toallas y me las acerca. Noto como vuelvo a cobrar el control de mi cuerpo y estiro el brazo para coger las toallas, él se gira mientras yo me quito el camisón empapado y lo dejo a un lado, me seco con las toallas. Cada movimiento es una tortura, me envuelvo con ellas y salgo de la bañera muy despacio.
-Trece, me has asustado- dice sujetándome por los hombros aún humedecidos. 
No me salen las palabras. No sé como disculparme con él, así que lo beso. Y el sonríe. Supongo que me ha perdonado.


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PD: Mañana nueva entrega de "Correspondencia Ajena".

Feliz Cumpleaños Civil

A Veintisiete de Julio de dos mil catorce, en algún lugar de la provincia de Málaga, el Tribunal de los Tetes, formado por la presente (le yo), Juanfri, Sandrita, Pepito y la querida Anabel, estiman una demanda de Cumpleaños Civil a la Señora Miriam Trigos Carmona (También conocida como "La Tía Borde" o "La Faraona").

La Sala Primera del Tribunal de los Tetes, constituida por los nombrados anteriormente, han comparecido en esta sala para desearle un Feliz Cumpleaños. Así pues continuamos en esta sentencia a narrar los antecedentes;

ANTECEDENTES

Todo comenzó en octubre; mientras el inicio de una etapa nueva nos obligaba a socializar con desconocidos, el destino quiso que hilando casualidades nos encontrásemos los seis de una forma u otra.
Estábamos ahí, en la jurisdicción de la facultad, ya había pasado como una semana, y aún éramos más desconocidos que otra cosa, entonces apareció Juanfri, con su sonrisa, con su energía, con sus ganas. Llamaba la atención y quizá fue eso lo que me hizo acercarme a él. También lo que despertó en ti, Miriam, las ganas de conocerlo y acercarte indirectamente a ti, y junto a ti Sandrita. Así después fue el mismo Juanfri quién unió a Pepito a todo ésto. Y sin saber como se convirtió en el pegamento que nos acabó uniendo.
También Anabel, nuestra magnífica historiadora del arte, a la que yo ya conocía y que e había ganado el corazón hacía tiempo, consiguió también hacerse con los vuestros.
Más adelante el curso continuó avanzando, y cada día que pasaba yo os tomaba más cariño. Hablo por mí, cuando digo, que te has convertido en mi mejor amiga, Miriam.

Cabe destacar entre toda la maraña de recuerdos que se han ido apilando en nuestras idas a venidas, la primera quedada, la que nos uniría para siempre después de casi acabar con nosotros. La cena de Navidad. Mi cumpleaños. Las sorpresas. Tu fundo, donde tantas cosas hemos vivido. Y discúlpeme que no siga enumerando recuerdos, señorita, pero soy un poco aprensiva y no quiero llorar.

CONTENIDO DE LA SENTENCIA.

Tienes que saber, antes de todo lo que viene; que para todos y cada uno de nosotros eres una parte esencial. Aunque seas "la tía borde", por muy Faraona que seas. Siempre seras nuestra Miri, una Diva, ¡CON "B" DE BURRO! ... ¿Sabes, Miri? Encontrar las palabras perfectas para desearte un feliz cumpleaños es fácil, basta con enlazar la palabra "Feliz" y la palabra "cumpleaños", ya está. Feliz Cumpleaños [...] En cambio, conseguir expresar todo lo que llevo dentro se me está haciendo más cuesta arriba de lo que esperabas. 
Decirte, "no cambies nunca", "que te regalen muchas cositas", "que seas muy feliz en tu día", es demasiado fácil, demasiado típico. No es mi estilo.
Yo quiero decirte, que cuando entré a la Facultad, esperaba hacer amigos, pero jamás hubiese imaginado que serían como vosotros, y si me hubieran dicho que iba a conocer a mi hermana, a mi "Soul Sister", a una persona que me entendería a la perfección en todos los sentidos, que guardaría mis secretos, que sería mi cómplice  en mis asuntos más "TRAMBÓLIKOS", que se acostaría conmigo (ejemejemejemcofcofcof codazo codazo) y que me haría reir tanto... JAMÁS DE LOS  JAMASES ME LO HUBIERA CREÍDO.
Así que muchas gracias por estar ahí, por todos los favores, por todas las mañanas, por las tardes de "estudio". Gracias por los karaokes a lo "Sing Star" tan profesionales. Gracias por las sesiones de maquillaje y peluquería a ritmo de "Éxtasis" de Pablo Alborán. Gracias por esperarme despierta hasta las tres de la mañana. Gracias por aguantarme. Por acompañarme y evitar que me pierda (tú ya me entiendes). Gracias por los consejos. Gracias por ser mi Soul Sister. (Gracias por imitar al borracho de la arbolada). Gracias. Gracias. Gracias y miles de millones de veces GRACIAS. 

OPINIÓN DE LOS JUECES.
Juez Zapata;  
Querida Miriam;
Hace más o menos una semana me volvió a ocurrir una de esas anécdotas embarazosas que me han ocurrido este año. 
Sucedió que el día que quedamos para comprar tus regalos, a eso de las cinco de la tarde apróximadamente creo recordar, estaba ya exhausto y deshidratado por la solana que nos había caído encima. Entonces vi una máquina expendedora con mi querido Caffelatte, así que me separé un momento del grupo para comprar el café. Tras encontrar monedas con algo de valor de cambio entre tanta calderilla inservible y sacar el café, desesperadamente lo abrí para beberlo y alanzar a unos tetes que habían volado de la escena.
Por desgracia, lo abrí sin agitarlo, así que se me ocurrió que a lo mejor tapándolo por encima conseguía  agitarlo sin que se cayera. Al mismo tiempo estaba persiguiendo a los escurridizos  por la escalera mecanica del Media Mark, agité el café y como ya te imaginarás ocurrió lo que me temía. Pero no fue hasta que lleguéarriba cuando me impidió entrar al recinto un guardia de seguridad por el café (y a lo mejor también por mi camiseta), cuando me percaté de que mi camiseta blanca ya no lo era.
Como te imaginarás este tipo de sucesos embarazosos no son agradables para mí, pero al final "valió la pena" ya que con el resto de tetes me reí del incidente, y pensé mucho en ti, porque me haría encantado que lo hubieses visto y te hubieses reído con nosotros. Me he reído mucho contigo y nos inspiras mucha confianza, así que encantado de contarte esto.
Te deseo un feliz cumple y te anticipo la felicitación, ya que estaré en Alemania a partir de hoy.
Eres muy buena amiga. Te quiere tu amigo Pepe.

(Ay, Ay, Ay Pepito... La que has líaaaao')

Jueza Bandera;
Letrada latín y griego, feliz cumpleaños. Jamás pensé que a esa primera persona a la que saludé en ese primer día de universidad le iba a coger tanto cariño. Eres una bellísima persona con un corazón más grande que todos los códigos juntos. También eres una chica trambólika y un poco aprensiva, pero ni te rayes, que eres genial igualmente ;) Gracias por recibirme siempre desde tempranito con un fuerte abrazo y una sonrisa y por haberme hecho llorar de risa con tus miles de tonterías, de esas que yo considero que hacen a las personas especiales. Por eso y más querida letrada, te deseo un feliz cumpleaños, que pueda pasar muchos más a tu lado y que nunca cambies. Te quiero mucho. Sandra.

Criminólogo cualificado Juanfri Mayorga;

BUEEEEENOOOOOOS DIIIIIIIIIAAAS MIIIIIRIIII (tono urbanistico), niña aprobadora de Historia del Derecho, que pazaaa contigooo que celebras un cumpleaños días antes o que pazaaaa? Jajaja.
Tu ta´cuerda de como nos conocimos nosotrooos? Lo cierto es que yo algo puedo ver entre las telarañas de mis recuerdos, allá hace mucho tiempo en una facultad muy lejana, cuando te agregué y ibas de tía dura, más dura que la cara del "cara" pero aún así conseguimos llevarnos bien porque aunque te guste comportarte de tia dura, en verdad me has demostrado que eres muy blanditaaa, una persona con sus grandes sentimientos que solo afloran cuando, como, y con quien quieres y eso mola, menos cuando me dices tonto ¬ ¬ entonces me enfado contigo.

Contigo conseguimos el piso franco, conseguimos reirnos mucho con el video de Benito Sossa y conseguimos una gran amiga con quien reirnos y de quien reirnos cuando te pones a imitar perritos.

Lo cierto es que la ley de la Constitución Juanfrancratica afirma que tu tienes inmunidad como tete, tu eres de los tetes una tetera y si eres una tetera puedes echar el té, también puedes tenerla y ser un tenedor. En fin se me va como siempre que tengo que escribir algo de esto, pero ya sabes la vida no es demasiado cuerda en mi, ni cuando tengo que tomarme algo en serio, siempre habrá algún motivo para sonreír, y supongo que si hay un motivo para sonreír también lo hay para hacer el loco, el motivo que tengo hoy es tu felicitación, te guste o no, es lo que hay.

Tiaaa que vamos a Algarrobo por tu cumple y lo que vamos a celebrar allí quedará en nuestro interior como un sentimiento aferrado, iremos como amigos y volveremos como mejores amigos y contigo pronto de cumplir añitos podremos decir que este cumpleaños tuyo ha sido el primero que hemos pasado juntos, el primero de muchos que hemos pasado juntos, el primero que hemos hecho un viaje juntos (aunque sea no muy lejos) y el primero que te voy a tirar al agua de la playa con o sin tu consentimiento, porque así funciona la vida, a veces por mucho que lo desees se cumple, y yo lo siento por ti pero yo deseo tirarte al agua jajajaja.

En fin, te queremos muchisimo, te quiero muchisimo, y gracias por seguir siendo una gran persona durante el curso y no haberte suicidado por culpa de la desesperación.
Feliz Cumpleaños, y espero que ese pedacito de historia que vamos a compartir todos en Algarrobo, no se quede en Algarrobo como un viaje, si no que llegue a mas y quede en los corazones de cada uno como un deseo hecho realidad... Un deseo que comenzó con ganas de estar cumplido, y que pronto va a cumplirse, un deseo tan grande como tu cumpleaños.
Un abrazo y un beso de Juanfran para Mir.

Y por último pero no por ello menos importante, nuestra querida Historiadora del Arte, Anabel;

Querida Miriam (Miri para los amigos), te escribo esta pequeña “carta” por así decirlo, por tus preciosos y grandes 19 años.
Sé que llevamos muy poco tiempo conociéndonos, apenas unos pocos meses, pero eres de esas personas que una jamás puede olvidar, que se te quedan en el corazón. Recuerdo una de las veces cuando cantábamos juntas la canción de Umbrella, y como nos compenetrábamos, fue increíble, con muchas risas y mucho arte. Siempre nos haces reír con cual broma, eres cariñosa y a la vez sensible y por eso te quiero tanto, por eres una persona verdadera.
Una última cosa antes de despedirme, quiero cantar contigo una y otra y otra vez para toda la vida, porque siempre quiero ser tu amiga, porque eres genial, y seguro que todos pensamos lo mismo. Un cachito de mi corazón es para ti Miri.
Con mucho cariño de la historiadora del Arte, Anabel.
Te quiero <3 

FALLO
La presente sentencia falla a favor de desearle a la Señora Miriam Trigos Carmona un Feliz Cumpleaños Civil. 

Tus Desaprensivos Tetes y el Señor de la Cachiporra te quieren <3



La Suerte de Trece IX

Capítulo IX.
Día Siete, La Pesadilla de Perderte.

Un sudor frío me recorre todo el cuerpo. Estoy empapada y asustada. Sólo ha sido una pesadilla me repito una y otra vez. Tengo el camisón completamente pegado al cuerpo, respiro con dificultad y no consigo desacelerar el corazón que parece querer batir un récord. Tengo la sensación de que quiere salirse de mi pecho y echar a correr lejos de mí para dejar de sentir de una vez. 
Estábamos en el bosque de las hadas, recostados el uno sobre el otro, observando como las ranas saltaban a la charca, como los pájaros daban banda sonora a un momento que a mi me parecía idílico. Él me acariciaba el pelo, yo me dejaba llevar. Podía sentir su calor, su respiración, incluso los latidos de su corazón.
De repente el estallido de una bomba me saca de mi ensimismamiento y él se levanta alterado. Me mira a los ojos, y puedo ver el pánico reflejado en los suyos. Su rostro desencajado, mirada de pavor. Me mata esa imagen.
- Trece - Me dice - Tienes que huir.
- ¿Huir? ¿A dónde?
-Eso no importa, ¿Ves esa senda? - Dice señalando un claro en el bosque en el que no había reparado nunca. (Por que probablemente no exista) - Corre, corre y no mires atrás. Corre hasta que no puedas más, hasta que encuentres a alguien dispuesto a ayudarte. Pero no confíes en cualquiera.
-Wilhem, no quiero irme sin ti.
-Trece, debes hacerlo.
Lo abrazo con fuerza, él sitúa bajo mi barbilla su dedo pulgar y con delicadeza la alza un poco hasta que mis ojos se cruzan con los suyos. Cierro los ojos, pero no hay tiempo para un beso porque alguien sale de detrás de un matorral.
-¡Wilhem! ¡Traidor! - Grita un soldado rubio mientras corre hacia él dispuesto a embestirlo. 
Wilhem conigue zafarse, me agarra por los hombros en lo que tarda el soldado en levantarse y me insta a correr, me lo suplica. Pero yo me quedo paralizada, no puedo abandonarlo ni tampoco moverme, empiezo a temblar y llorar, como no recuerdo haberlo hecho nunca.
El soldado se abalanza de nuevo contra el doctor, que ésta vez no tiene tanta suerte y cae al suelo. El rubio comienza a golpearlo en la cara de forma repetida. Me siento impotente, inútil, y hago lo único que se me ocurre; salto sobre él tratando de desequilibrarlo, pero no lo consigo. Aún así se levanta y ésta vez va en mi busca, me agarra del pelo y grito de dolor. Noto como saca una pistola y me la coloca en la sien izquierda. Temo por mi vida, pero temo aún más por lo que pueda pasarle a Wilhem.
Antes de que pueda apretar el gatillo, el doctor lo empuja. Me sujeta, me pregunta si estoy bien. Y entonces... El sonido sordo de un disparo, me pitan los oídos... Y pierdo el norte por un momento, miro a Wilhem de piedra frente a mí, una mancha color carmesí tiñe su bata blanca, él se lleva la mano al abdomen y me mira, más apenado por mí que por él.
En ese momento despierto, con la imagen de sus ojos mirándome. Con el desgarrador recuerdo de la vida apagándose de su mirada. Y no puedo evitar romper a llorar como una cría, aún sabiendo que todo ha sido una pesadillas. Él me oye y entra como una tromba en la habitación, verlo aparecer me acelera aún más y no espero ni a que esté junto a la cama para lanzarme a sus brazos. Para besarlo aún con las lágrimas brotando de las cuencas de mis ojos, aún con los surcos en mis mejillas. Él se deja besar, me agarra con pasión y no me pregunta que me pasa porque sabe que hablar no es lo que yo necesito.
Triste amor fugaz con fecha de caducidad. Ahora el miedo a perderlo es real. 
Ahora sé como debió sentirse Wilhem cuando yo me desmayé, la preocupación, el miedo a perder a alguien a quien quieres. Por muchas personas que haya perdido... Está claro que nunca estás totalmente vacunado contra la pérdida de los seres queridos, nunca asumiremos las muertes de aquellos que nos importan, por muchos que se vayan, por muchos que perdamos, por cuantos desaparezcan. 
Si quieres te arriesgas a sufrir, y si no quieres... Es como si no vivieras. Los muertos no quieren... no sufren, pero tampoco conocerán lo que se siente cuando te abrazan y te dicen que todo saldrá bien. Aunque en el fondo los dos sabemos que es mentira, sus palabras alivian el dolor y ya es más de lo que podría haber deseado.


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Dear Diary III

<<El cielo azul está adornado por un sol inmenso, brillante y reconfortante. Un muchacho corre por un camino de arena, levantando polvo, con una rama en la mano, hasta que llega a un río.>>

Querido diario;

Hoy es un buen día, después de esta mala racha de acontecimientos, parece que por fin veo la luz al final del túnel. Una luz que brilla como este sol que me reconforta, que me calienta el alma, que me hace sentir vivo. Por fin la primevera derrite la nieve y me deja ver más allá los primeros brotes verdes.
Justo aquí hay un río, antes se me ocurrió meter los pies, pero el agua está helada, se me entumecieron en pocos minutos. ¿Sabes diario? Hoy me he atrevido a saludarla por primera vez, ella estaba sentada en un banco leyendo, y al alzar la vista se ha encontrado con mis ojos curiosos observándola. ¿Ella? Ella me ha sonreído, y yo en un intento estúpido por parecer cortés he alzado la mano para saludarla.
Quizá por eso, hoy veo el mundo un lugar agradable para vivir. Porque ella, la chica de mis sueños por la que llevo colado desde tercero sabe que existo. Y probablemente me haya delatado mi nerviosismo. Si es un poco lista, y sé de buena mano lo inteligente que es, debe saber de sobra que estoy loco por sus huesos. Y esque ella es... Es diferente.
Su pelo cobrizo, sus grandes ojos, su preciosa sonrisa que eclipsaría este sol... Bueno este sol y todas las estrellas del firmamento que se le pusiesen por delante.

Mi querídisimo diario, lo he decidido, voy a declararme, voy a decirle lo que siento, porque si ella es para mí, me estará esperando y si no lo es; ya basta de esperar.

La Suerte de Trece VIII

Capitulo VIII.
Día Seis, El Vals de las Disculpas.

-Trece - Su voz está rota. Hace que se me encoja el corazón - Creí que te perdía - Silencio - Creí que te perdía para siempre y que no había podido cumplir mi promesa - Intento hablar, intento decirle que todo está bien, pero antes de que pueda mediar palabra, coloca suavemente su dedo índica sobre mis labios - Trece, no vuelvas a hacerme esto. - Me quedo en silencio sorprendida por la sinceridad que emana de sus palabras. Una sinceridad que me aturde y que a la vez me hace sentir especial, que me hace desear abrazarlo y no soltarlo nunca - No estoy listo aún para perderte.
Me incorporo en la cama y lo miro directamente a los ojos. Esos ojos de color verde, esos ojos con motas marrones como hojas de otoño que matizan el bosque verdoso. Esos ojos que se convierten en mi color favaorito. Estiro los brazos, me duelen, pero no me importa, lo abrazo tan fuerte como puedo. Y me duele abrazarlo. Pero no lo suelto. No me apetece soltarlo, no quiero que acabe ese momento. Y lo eternizo. Lo hago interminable, a él no parece importarle. Entierra su cara en mi pelo, noto su respiración caliente en el cuello y se me eriza la piel. Me acerco a su oído y le susurro:
" No me iré hasta que estés listo "
Se aparta de mí. Me mira muy serio.
- Yo nunca voy a estar listo para que te marches.
-Algún día tendrás que estarlo. Pasará. Los dos lo sabemos. Lo que me pasó ayer no fue un simple mareo. - Nos miramos en silencio. Pero no es nada incómodo. Me muevo en la cama para hacerle un hueco a mi lado. Enarca una ceja y se sienta a mi lado.
Nos quedamos así acurrucados, el uno junto al otro, mirando la habitación. Sin mediar palabra, cada uno en su mundo, pensando en lo que vendrá, en como superar esta situación. En lo extraño de la vida, en el caprichoso destino, que tan tarde me hizo conocerlo, que tan pronto me hará perderlo. Yo he tenido una segunda oportunidad para ser feliz, y la verdad es que lo he sido. Lo he sido gracias a él, y debo empezar a darme cuenta. Me giro para mirarlo, lo nota y también me mira. Le sonrío y me devuelve el gesto. Me incorporo un poco y lo beso en la mejilla. Su sonrisa se hace completa y eso provoca que las mariposas de mi estómago se revolucionen. Vuelan. Están de fiesta. Festejan que por fin hay alguien que me provoca sensaciones, que hace fluir mis sentimientos. Celebran que por una vez no es asco lo que siento, sino que hay cariño dentro de mí. Hay amor, hay algo más que odio y desdén. 
El día pasa sin mucho ajetreo, y por la noche la magia se apodera de aquella enorme casa.
Wilhem entra en la habitación sin llamar, vestido de traje. Está realmente guapo.
-Trece - Dice. Creo que es una manía suya llamarme por mi nombre cada vez que entra en mi habitación - ¿Has bailado un vals alguna vez?
Niego con la cabeza. Sale de la habitación sin decir nada y me quedo allí parada, como una estúpida, pensando que quizá Wilhem haya perdido la cabeza. A los pocos segundos entra de nuevo en la habitación con un precioso vestido largo de color café.
-Póntelo. Esta noche bailaremos un vals.
La idea me emociona muchísimo. No puedo esperar para bailar o quizá no puedo esperar para bailar con él. 
En el gran salón de baile de la casa el me sujeta la cintura, estamos muy cerca. Al filo de un abismo al que me lanzaría sin pensármelo. Saboreando unos minutos que saben a gloria. Como sabían sus labios la primera vez que me besó. Como supongo que sabrán cuando lo haga por segunda vez. Se acerca más y más, pero toma el desvío hacia mi oído, lo que me decepciona un poco.
-Estás preciosa - Noto como me ruborizo y deseo que él no se percate - Quiero disculparme contigo.
-¿Disculparte? - Su confesión me pilla desprevenida y por un momento pierdo el ritmo y estoy a punto de tropezarme.
-Desearía no haberte inyectado el fármaco, todo esto es culpa mía - No quiero que siga hablando, esta es nuestra noche. La noche de mi primer vals. Antes de que pueda decir una palabra más lo beso. Despacio, con cuidado, con delicadeza y el me corresponde con más delicadeza aún si cabe, como si temiese que me fuese a romper si me besa con demasiada fuerza.
Creo que después de aquel primer beso de amor, le quedó claro que no tenía que volver a disculaparse porque yo no tenía nada que perdonarle y si acaso lo tenía, él ya estaba más que perdonado.


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PD: Durante un par de días estaré ausente porque es el cumpleaños de una amiga, y me voy a celebrarlo.. No dejéis de comentar en cuanto vuelva me pongo al día con vuestros blogs. Dejaré las entradas siguientes programadas. Gracias <3

Te Robo Una Frase I


El objeto que sujetaba era un pequeño cilindro con un agujerito en la parte superior. Se lo acercó a la nariz y lo olió. — Isaac Asimov – En arena estelar  

Estaba sentado dándome la espalda, creo que no se percató de que yo había entrado en la habitación hasta que lo llamé por su nombre. Tenía algo en la mano derecha. El objeto que sujetaba era un pequeño cilindro con un agujerito en la parte superior. Se lo acercó a la nariz y lo olió. Enarqué una ceja.
-¿Qué es? - Pregunté.
-¿A caso importa? - Pude sentir el dolor saliendo de su boca, aún no me había perdonado, y probablemente entrar en su casa sin permiso no ayudaba a mejorar la situación. - Quiero que me devuelvas las llaves de casa.
-He venido a disculparme.
-Es tarde para disculpas. Dame mi llave.
Él no lo había notado pero yo llevaba su llave colgada al cuello de una larga cadena, para mí era algo muy importante. Recuerdo perfectamente el día que me la dio.
Estábamos en la cama, después de una noche maravillosa, me dijo que yo era lo único que deseaba tener a su lado cada día por la mañana, y yo le prometí que haría todo lo que pudiese para serlo. Entonces noté como se giraba, y acto seguido me echaba el brazó por encima. Puso ante mis ojos esa pequeña llave, yo sonreí y él dijo; "Quiero que seas tú la que me sorprenda cada día". Yo lo besé, y así sellamos la promesa de querernos. 
Desde entonces siempre he llevado esa llave colgada al cuello. Hasta hoy. Cometí un error, como todos alguna vez, aunque hay fallos más graves que otros...
En mi caso, se me ocurrió decirle que no lo quería. Mentí, por supuesto. Pero se lo dije, se lo dije porque tenía miedo, y ahora temo que jamás me perdonará...
Y es que si se pilla antes a un mentiroso que a un cojo... Yo debo ser la excepción más estúpida a la regla.


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Correspondencia Ajena III

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"Un Saxofonista amante del jazz le escribe una carta a la atractiva mujer que toma una copa en la barra"

Muñeca;

No quiero parecerte atrevido, pero he aquí un enamorado. Enamorado de tu pelo rubio y tus labios rojos, de la forma en la que bebes de la copa. Enamorado de tu sonrisa arpía, que me ha vuelto loco... Muñeca,  no sabes cuanto desearía recorrer sin frenos la s curvas de tu cuerpo. Veo como sigues el ritmo de mi música, como te contoneas, como me provocas. Me miras y te ríes, sabes que te quiero a ti y no a ninguna otra. Soy un virtuoso del saxofón, un incomprendido en el amor. Un artista y tú, preciosa, eres mi musa. Me inspiras. Con tus largas piernas y tus tacones, con tus movimientos. Eres la más elegante de este bar de poca monta donde toco cada noche. Eres la más bella de cuantas me han visto manejarme.
Soy un romántico, y tú me has robado el corazón. Ahora enciendes un cigarrillo. El humo sale de tu boca y crea formas que se disipan lentamente. Y tal como se consume entre tus labios el cadáver de ese cigarro, me consumo yo en el escenario esperando que llegue el momento de conocerte.

"Te quiero más que al jazz, muñeca"
Atte: Tu Saxofonista.




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La Suerte de Trece VII

Capítulo VII.
Día Cinco, Batallas y victorias.

-Doctor Wilhem, tenemos que hablar- Un soldado rubio aparentemente enfadado escruta el rostro del doctor.
-¿Qué ocurre, Teniente Kotler?
-No quiero alarmarlo - Dice mientras saca un cigarrillo y se lo lleva a la boca, hace un ademán y le ofrece uno a Wilhem, éste lo rechaza - Se rumorea por ahí que está usted confraternizando con una judía. - Lo mira esperando respuesta, pero continúa hablando al no obtenerla - ¿No tiene nada que decir, doctor?
-¿Qué espera que diga, Teniente?
-Esperaba una rotunfa negativa por su parte, o al menos cierto atisbo de insatisfacción, pero nada. Frío como una piedra.
-No tengo porque hablar de lo que hago o no con mis pacientes.
-Si, si que tiene que hablar si eso compromete al Führer, o la integridad del régimen.
-Con el debido respeto, lo que yo haga o deje de hacer, no es de su incumbencia, ahora si me disculpa, tengo pacientes que atender.
-Doctor, no quiero ponerme serio - Dice, mientras se quita el cigarrillo de la boca y suelta una gran bocanada de humo- Comprendo que como todo hombre, tiene usted ciertas necesidades... Y que una niñita judía, puede ser... Bueno, digamos que un dulce nunca amarga a nadie. Pero hay muchas mujeres, doctor...
-Eso no tiene nada que ver.
-Vamos Wilhem, ¿Puedo llamrte así, verdad? - No espera respuesta- Conmigo no tiene qué fingir, yo también he tenido algún que otro roce con judías, son un poco reacias, pero ¿A qué hombre no le gusta que se resistan un poco?
-Teniente, será mejor que se calle.
-¿No quiere compartir a su judía, doctor? - Rompe a reír.
Una oleada de ira abate al doctor que pierde el control. Cierra el puño con fuerza y le asesta un golpe al teniente en la mandíbula. La propia inercia hace que caiga al suelo, el hombre sin creérselo del todo, se lleva la mano a la boca, está sangrando. Se levanta de mala gana, y agarra al doctor por el cuello de la bata blanca.
-¿Es qué ha perdido el juicio, Wilhem?
-Puede ser, Teniente Kotler.
-Debería bajarte esos humos, pero esta vez lo dejaré pasar.- Escupe al suelo, su saliva está teñida de rojo por la sangre. - Wilhem, nos conocemos desde hace mucho pero la próxima vez que me agredas a mí o a cualquiera por defender a esa judía...- Hace una pausa para pensar bien lo que va a decir- Te meteré una bala entre los dos ojos. Aunque antes te haré ver como todos mis soldados violan a tu puta. - Lo suelta del cuello y se quita las arrugas del uniforme. - Volveré la semana que viene.
-La semana que viene será tarde- Masculla el doctor en un susurro casi inaudible.
-¿Qué ha dicho, Wilhem?
-Nada, teniente- El hombre lo deja estar.
-Ahora me marcho, hasta la vista doctor - Dice y acto seguido realiza el saludo - "Heil Hitler" - El doctor lo imita.
Ha estado cerca de morir, y ya es la segunda vez en un par de días. Pero no tiene miedo, no va a permitir que nadie hable mal de Trece porque ella no lo merece. Porque se enfrentaría a todos los Tenientes, Sargentos y soldados que se le pusieran por delante sólo por ella. Que quizá el doctor empieza a sentir más de la cuenta y no hay cura para eso. Quizá algún día alguien descubra la vacuna contra el amor, hasta entonces habrá que aprender a lidiar con ello.
El hombre mira al suelo abatido, y una voz lo saca de su ensimismamiento.
-Doctor, es decir, Wilhem... ¿Va todo bien? - Digo y me acerco despacio.
-Trece... Si, todo bien. Es sólo que el Teniente Kotler, puede ser muy pesado. - Se suaviza la expresión de su cara e incluso sonríe - ¿Qué te parece si entramos en la casa y comemos algo?
-Claro - Sonrío sin saber muy bien qué hacer o decir.
Me dejo llevar y lo agarro del brazo, él me mira extrañado y sonríe. Me besa en la frente de forma cariñosa, me echa el brazo por encima y me acerca todo lo que puede. Me aprieta contra si y noto el calor que desprende su cuerpo, es como si me quemase, es agradeble. Me gusta esa sensación. Me engancha.
-Ni lo de Romeo y Julieta fue tan difícil - Dice  y vuelve a besarme en la frente.
-Nadie dijo que fuera fácil.
Me mira. Me acaricia el pelo. Sonrío, un cosquilleo me recorre todo el cuerpo y siento como se me eriza la piel debajo de la ropa.
-¿Qué te apetece para comer?
-Cualquier cosa me va b... 
Antes de poder acabar la frase noto que me abandonan las fuerzas, creo que empiezo a moverme de un lado al otro, pero no estoy segura, no puedo mantener el equilibrio y pienso que estoy a punto de caerme al suelo, pero algo lo evita. Es Wilhem, me llama por mi nombre, me grita, está esperando que le responda y quiero hacerlo, pero no puedo, los músculos no me responden, no me sale la voz. Intento mirarlo, quiero que se calme, pero no consigo girar la cabeza. Aún así noto como me levanta, ahora sé que me lleva en brazos a alguna parte, me pesan los párpados y no puedo detenerlos. Tengo los ojos cerrados y sólo oigo un murmullo, no recuerdo nada más a partir de ahí. Creo que perdí el conocimiento, porque cuando desperté estaba en la cama y él me sujetaba la mano como si temiese que fuese escaparme.
... A estas alturas, no lo haría aunque pudiera.


PD: Mañana nueva entrega de "Correspondencia Ajena".
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Una palabra, una historia I

Libertad
 Libertad.
En sí misma, la palabra no significa nada, pero para alguien que, como yo mismo, lleva quince años encerrado en la cárcel por un crimen que no cometió, es la palabra de mejor sabor, con mejor sintonia. Una palabra que rima con cualquier sentimiento positivo. Con armonía. Una palabra que me inspira. Es la palabra que dejaré escrita en la casa de Arnold Swatch, el hombre que me incriminó. Teñiré sus paredes con el rojo de su propia sangre.
La cárcel no ayuda en nada a mejorar el comportamiento, si bien, lo empeora. La justicia se ha equivocado miles de veces, pero esta vez fuiste tú quien la hizo equivocarse. Libertad. Libertad para huir de las rejas que me han mantenido preso, en el sentido más exacto de la palabra. Libertad para cobrarme mi venganza. Libertad será lo que grite cuando me arroje al lago desde el puente de las afueras de la ciudad.

Y libertad. Libertad. Libertad.

Aunque cuando vuelva a casa, y la mire a los ojos. Cuando mi preciosa Kate mi abrace, cuando mi hijita, que después de tantos años ya será una mujer, me mire con sus ojos aún inocentes... Volveré a sentir libertad, una libertad de verdad. Que me hará libre de mis miedos, de mi sed de venganza y de mi necesidad de abandonar esta vida.

Y libertad. Libertad. Libertad.

Cuantos tipos de puñetera libertad. ¿Qué libertad escojo?
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¿Qué libertad, me hará verdaderamente más libre?


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Mi fé se pierde buscando una salida

A veces tendemos a olvidar a quienes nos han hecho felices, pero curiosamente a quien nos hace daño no. Es injusto, lo sé. Pero tú me enseñaste esto. Tú me rompiste el corazón en siete pedazos y cada uno se me clavó en lo más hondo del alma, así te asegurabas para siempre un hueco en mi vida. Porque si se me ocurría olvidarte, sólo tendría que echar un vistazo dentro de mí para ver las heridas a medio cicatrizar para que el dolor me recorriese toda la columna. Para que los recuerdos volviesen a llenar de lágrimas las cuencas de mis ojos.
Fuiste terriblemente cruel y eso te sirvió para colarte dentro de mí. Porque cuando el amor se rinde al odio, éste aprovecha para contaminarlo todo. Infecta cada recuerdo y los vuelve dolorosos. Dicen que el tiempo es la única cura, pero yo no quiero esperar más. Tardé mucho tiempo en olvidarte, en hacer que no me importaras, y volviste... Y yo, tan ilusa como siempre pensé que esta vez sería la buena, la de verdad. Creí que todo saldría bien.

Y ahora... Decepcionada, abatida, aturdida, enfadada conmigo misma, tengo que empezar de nuevo una cuenta atrás para olvidarte.




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La Suerte de Trece VI

Capítulo VI.
Día cuatro, Huellas en la Nieve.

Amanece. Tenía razón. Hoy todo está cubierto de un manto blanco. Todo excepto mi cama. Gotitas rojas se agolpan sobre la almohada. Me duelen las articulaciones. La cabeza me da vueltas, y tengo el estómago revuelto. Pero no tengo más tiempo para lamentaciones porque Wilhem entra como una tromba en la habitación sin llamar, en un descuido mientras se gira para cerrar la puerta aprovecho para dar la vuelta a la almohada y que no sea mi propia sangre la que me delate.
-Siento entrar así, y siento lo que voy a pedirte. - Por un momento temo que quiera que me marche de su vida. No puede pedirme eso. No ahora que empiezo a sentir algo por él - Tienes que esconderte.
-¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? - No entiendo su propuesta. Dudo. Pienso que vuelvo a soñar y me pellizco bajo las sábanas para comprobarlo. Duele. Es real.
-Coge ropa de abrigo y corre al bosque, yo iré en cuanto pueda. 
-¿Por qué?
-No tengo mucho tiempo, seré breve. Mi superior, el sargento Köller está a punto de llegar, él piensa que los fármacos están a punto de matarte, quiere venir a comprobar el efecto, debo decirle que los síntomas que te han provocado son altamente contagiosos para que se le pase la idea de comprobar por sí mismo los efectos.
-¿No es más fácil tumbarme en la camilla y fingir los síntomas que huir?
-Si se le cruzan los cables podría matarte.
-Si se le cruzan los cables y no me encuentra, podría matarte.
-No lo hará.
-¿Cómo lo sabes?
-Lo sé- Me miente. Pero lo hace para no preocuparme. Por lo que me lo tomo bien y no continuo preguntándole. Cojo ropa de abrigo y salgo de casa sin mediar una palabra más.
No sé cuantas horas paso tirada en la nieve en el "Bosque de las Hadas", no se cuantas ovejitas he contado, ni cuantas formas de nubes he adivinado. He perdido la cuenta de las ranitas que han chocado con el hielo de la charca helada. Y pocas pájaros se han atrevido a salir hoy a cantar. 
-Siento que hayas tenido que esconderte... - Wilhem sale de detrás de un árbol, me mira apenado. Se lamenta por mí y yo me lamento por él. Cariño. Eso es lo que siento, y cada día va a más. 
-Sabía que ocurriría tarde o temprano.
-Lo sé, Pero no hace que me sienta mejor.
-¿Qué hará que te sientas mejor?
- Compensarte.
-¿Cómo?
- ¿Te gustan las leyendas?
-Si- Respondo abrumada por su pregunta.
-¿Quieres saber por qué el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña? - Sonrío. Ha conseguido captar mi atención.
Asiento y empieza a narrar;

"Cuentan que una vez, se reunieron todos los sentimientos y cualidades del hombre.  Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura les propuso jugar al escondite. La intriga levantó la ceja y la curiosidad, sin poder mantenerse preguntó ¿escondite? El entusiasmo  danzó, seguido de la euforia, la alegría dio tantos saltos  que terminó por convencer a la duda y a la apatía, que nunca se interesaban por nada. 
Uno, dos, tres... comenzó a contar la locura, la primera en esconderse fue la pereza, que como siempre cayó detrás de la primera piedra del camino, la fe subió al cielo y la envidia se escondió detrás de la sombra del triunfo, que por propio esfuerzo había conseguido llegar a la copa más alta del árbol. 
La generosidad casi no logra esconderse, porque cada lugar que encontraba le parecía bueno, para alguno de sus amigos, si era un lago cristalino, ideal para la belleza, si era la copa del árbol perfecta para la timidez, si era una ráfaga de viento, magnífica para la libertad. 
Así es que terminó escondiéndose en un rayo de sol, el egoísmo un lugar bueno desde el principio, ventilado cómodo pero solo para el, la mentira se escondió detrás del arco iris y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes. 
Cuando la locura terminaba de contar el amor todavía no había encontrado lugar para esconderse, pues todos estaban ya ocupados, hasta que encontró un rosal y cariñosamente decidió esconderse entre sus flores, concluyó la locura y comenzó la búsqueda, la primera en aparecer fue la pereza apenas a tres pasos de una piedra. 
Sintió vibrar a la pasión y al deseo en los volcanes, en un descuido encontró a la envidia y claro pudo deducir donde estaba el triunfo, al egoísmo no tuvo que buscarlo el solo salió disparado de su escondite que era un nido de avispas, de tanto caminar sintió sed y al aproximarse a un lago descubrió a la belleza. 
La duda fue más fácil de encontrar estaba sentada sobre un cerro sin decidir donde esconderse y así iba encontrándolos a todos, al talento entre la hierba fresca a la angustia en una cueva oscura pero, el amor no aparecía por ningún lugar, la locura lo busco detrás de cada árbol, debajo de cada roca del planeta y encima de las montañas. 
Cuando estaba apunto de darse por vencida, encontró un rosal y comenzó a mover sus ramas, entonces escuchó un grito doloroso, habían herido al amor en los ojos, la locura no sabía que hacer para disculparse, lloró, rezó, imploró, pidió perdón y prometió ser su guía para siempre, es por eso que desde entonces el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña"
- Mariano Osorio, El Amor es Ciego y la Locura Siempre lo acompaña.


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Sillas Vacías

Sillas vacías que se mecen al unísono. Que provocan un chirrido, que me hacen estremecerme. Que me recuerdan a los muelles de la antigua cama cuando se retorcía bajo nuestros cuerpos. Pero en realidad son sólo eso. Dos sillas vacías. Como aquellas en las que nos sentábamos, en las que charlábamos y tomábamos café en invierno y limonadas en verano. 
Sillas vacías. Recuerdos llenos. Sonrisas a medias. Sillas vacías de madera, con tu nombre tallado en la pata izquierda trasera, con un corazón grabado junto a la última letra. ¿Recuerdas ese día? Yo no podría olvidarlo aunque pudiera. Por aquel entonces no se me hubiese ocurrido que esas sillas llegarían a estar vacías.
Puñeteras sillas vacías. Sillas vacías donde ahora me siento a llorar. Donde me paro a recordar, donde sueño que todo vuelve a ser como antes. Que nada a cambiado, que tú sigues a mi lado y que sólo has ido a por unas tazas de té con leche y volverás en unos minutos. Pero eso no pasará, porque te has ido, y me has dejado aquí.
Rodeada de sillas vacías. Y de fantasmas que nunca más me abrazarán.



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La Suerte de Trece V

Capítulo V.
Día tres, El Bosque de las Hadas.

El sonido del agua que cae desde una pequeña cascada. El murmullo de las hojas que se mueven con el viento. Él y yo. Nadie más. Los minutos corren, los silencios no son incómodos. Las sonrisas parecen  sinceras y sus ojos tienen un color que no había visto nunca. Que me atrapa. Que me hace creer que otra vida es posible.
-Sabes, a este sitio lo llaman el bosque de las hadas- Dice.
-¿Por qué?
-Porque en él suceden cosas mágicas, se dice que las hadas pueden cumplir tus deseos y que a veces ocurren cosas difíciles de explicar o que creías imposibles. - Me mira y enarco las cejas.
Saca de una pequeña bolsita una tableta de chocolate. Me ofrece un trozo y acepto.
-No creo en las hadas- Digo y doy un mordisco.
De nuevo el silencio que nos envuelve. Los pájaros que vuelan y cantan canciones de amor que sólo ellos conocen. A veces desearía ser un pájaro. Desearía tener alas y poder volar, escapar de todo lo que me hace daño. Desearía viajar a un país donde me acepten como soy, donde la palabra "judío" no sea motivo de odio, sino una mera descripción como "alto" o "moreno".
No sé cuando ni como, pero en algún momento cerré los ojos. En algún momento dejé de ser consciente de cuanto había a mi alrededor. Me recosté sobre Wilhem y me quedé dormida. Y él también sucumbió al poder de Morfeo porque cuando desperté el aún soñaba.
Y la verdad es que tengo la sensación de que soñamos juntos, como si nos hubiesemos colado en el sueño del otro, como si por un momento hubiésemos adoptado una vida ajena para experimentar lo que se siente cuando no hay miedos que te muerdan los tobillos.
Soñé que éramos pájaros, que volábamos, que batíamos las alas el uno junto al otro, que nuestra condición no importaba, sólo dos pájaros alzando el vuelo, dos pájaros que no vuelan a ras de suelo.
Después erámos personas, normales, con las preocupaciones cotidianas. Dos personas que se conocen, no en un campo de concentración, sino en una cafetería, leyendo un buen libro, tomando café bien caliente y una sonrisa en la boca. Sueño que tengo nombre, que no soy un número. Sueño que sus ojos son la primera persona del plural de todos los tiempos. Sueño que me besa de verdad, porque los dos lo queremos porque los dos lo deseamos.
Sueño que somos inmortales. Sueño que me quiere de verdad y que no es sólo un truco para que confíe en él. Sueño que lo quiero de verdad y que ésto no es solo la estúpida obsesión de enamorarme. De sentir algo antes de que el último grano de arena caiga. Antes de que se me agote el tiempo, porque no me queda mucho. Porque yo lo sé, porque él lo sabe.
Sueño con él, y me atrevo a pensar que el sueña conmigo.
Lo miro, parece otra persona. Por primera vez desde que lo conocí, siento que si lo hubiese conocido en otras circunstancias, si el mundo fuese un lugar justo, realmente me hubiese enamorado de él. Pero en esta jaula de cristal dónde me tiene presa, dónde me cuida, donde evita que me lastimen es muy difícil sentir algo que no sea lástima de mi misma.
Lástima de no saber qué es llevar una vida normal. Lástima de no tener tiempo para conocer la parte de Wilhem que sería capaz de robarme el corazón. Sigo mirándolo, memorizo cada parte de su cuerpo, grabo en mi recuerdo la curva de su nariz, el recorrido de sus pómulos, la forma de su boca, como tiene el pelo. 
Le acaricio la cabeza y se estremece un poco, continúo enredando mis manos en su pelo. Eso me tranquiliza... Visto desde fuera, parece realmente una relación. Cualquiera nos tacharía de pareja de no conocer la totalidad de la historia, de no saber más allá de lo que se puede captar a simple vista. Aunque quizá soy yo la que se esfuerza porque no haya nada más que una historia ficticia. Quizá si que haya una relación, quizá lo que se ve a primera vista, es el reflejo de lo que hay y yo me niego a admitir.
Comienza a toser y me saca del ensimismamiento. Poco a poco abre los ojos y me mira. PArece desorientado, se incorpora lentamente.
-¿Cuánto he dormido?
-No lo sé, yo acabo de despertar.
-Yo seguía despierto cuando tú te dormiste- Creo que me ruborizo, porque sonríe con ternura y continúa hablando - Parecías indefensa, tranquila. Ha sido bonito.
-¿Has soñado algo?
Mi pregunta parece dejarlo atónito, se para a pensar un segundo y responde.
-Bueno quizá te parezca raro... En realidad es una locura pero... Soñé que éramos pájaros...
Quizá era cierto lo del bosque, lo de las hadas, quizá si que exista la magia y quizá se concentre en ese lugar. Es sincero conmigo y eso me gusta. Puede mentirme, decirme cualquier cosa, pero sé que ahora no me está mintiendo. No podría aunque quisiera.
Empieza a toser de nuevo, por un momento pienso que está a punto de ahogarse, me incoporo sobre él, y abro una botella de agua. Muy despacio se la acerco a la boca y hago que beba a sorbos lentos. 
- ¿Estás bien?
-Si, gracias... No sé que me ha pasado.
- ¿Seguro que estás bien? - Antes de que pueda responderme, se levanta una ráfaga de viento helado que me hace extremecerme.
- Será  mejor que volvamos, esta noche nevará. Podríamos volver mañana. Cuando el manto blanco cubra todo esto.
-¿Vamos a repetir?
-Te prometo que este sitio cubierto de nieve será como un lugar completamente nuevo. Confía en mí, te sorprenderá.
Una vez más caigo presa de sus palabras. Una vez más no tengo miedo a morir. Por primera vez en mi vida, vivo día a día y empiezo a temer porqué sé que los tengo contados. Sé que cada vez que me voy a la cama un dolor punzante me aguijonea el estómago, sé que ésta mañana la almohada estaba manchada de sangre y la boca me sabía a cobre. No le he dicho nada, y no estoy segura de si es porque no puedo preocuparlo o porque sigo pensando que no le importo.
Me toma la mano para guiarme de vuelta a casa y se me eriza la piel
-¿Frío?
Asiento. Miento. 
En realidad no es frío, eres tú. 

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Fantasmas

Me gustaría decir que esta noche es sólo eso, una noche más, sin sorpresas, ni altibajos, pero eso es imposible porque los fantasmas se han arremolinado a mi alrededor para contarme historias, historias que ya conozco, que ya he vivido.
Mi fantasma del amor pasado está bajo mi ventana, puedo verlo tras los barrotes, atormentándome de nuevo por lo que pudo ser y no será. Por lo que debió ser. Por lo que quizá debería haber hecho, pero no hice. Los recuerdos me golpean, y por un momento creo que voy a perder el equilibrio y caer al suelo.
Entonces el sonido del móvil me saca de mi ensimismamiento, ajeno a mis idas y venidas, a mis viajes en el tiempo, el fantasma del amor presente me está llamando. Ya me ha dejado un par de mensajes en WhatsApp que tan siquiera me he dignado a leer. Este es mi fantasma más tentador, me habla de como son las cosas. Me asegura que su única misión es mostrarme las cosas tal y como son, demostrarme que merece una oportunidad. Me gusta este fantasma, tiene algo que engancha.
Y para liar más la cosa, el fantasma del amor futuro me está esperando en el portal, con un ramo de rosas y una caja de bombones, dispuesto a ser el único gran amor de mi vida. Y la verdad es que promete, hace que me tiemblen las piernas, que me vuelva estúpida. Hace que las mariposas de mi estómago despierten de su letargo, es algo que los otros dos fantasmas no pueden decir.
- ¿Tú crees en los fantasmas? -Preguntó.
- No sólo creo en ellos, los he visto, convivo con ellos.
- ¿Te dan miedo?
- Lo que más me aterra de ellos, es llegar a perderlos.

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Correspondencia Ajena II

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Emisor: Un soldado que marcha a la guerra. Destinatario: (a elegir).

Querido tú qué estás leyendo esto;

No sé quien eres, ni cómo has conseguido leer esta carta, pero necesito decir esto y no sabía a quién recurrir. Una vez más, marcho a la guerra, pensé que la anterior sería la última, pero me equivocaba. Mi madre se quedó rota cuando se lo dije, si la hubieras visto llorar, creo que sabe que no volveré de ésta. Incluso yo lo sé. Mi padre trató de consolarme diciéndome que era por la patria. ¡Qué se pudra la patria si he de morir por ella! ... Tal vez esto que escribo sean mis últimas palabras, lo último que hago mientras mi corazón sigue latiendo antes de que una bomba desafortunada estalle cerca. Antes de que una bala amiga, o enemiga me arranque el último aliento. 
Suerte que no tengo hijos a los que dejar huérfanos, ni una mujer que se quede viuda. Suerte que no tengo hermanos que lamentarán mi pérdida. Ojalá tú que estás leyendo esto no tengas que pasar nunca por los horrores de la guerra, ojalá que cuando abras esta carta todo halla pasado y el mundo sea de una vez un buen lugar para vivir, aunque la verdad es que lo dudo. El egoísmo y narcisismo de los seres humanos, su ansía de ser superiores acabará con nosotros algún día.
Lo único que lamento... es no haberme enamorado nunca y no saber que se siente cuando vives sin miedo.

Ojalá tú que lees esto estés enamorado.

Atte: Un soldado más (que en pocos días, será un soldado menos).


PD: A los que conocíais mi blog con el otro diseño, me gustaría saber vuestra opinión. ¿Dejo esta nueva plantilla o vuelvo al diseño anterior? Estaré muy agradecida por vuestros comentarios y consejos. Gracias <3
PD2: Muchas gracias a Jennifer por nominarme, podéis ver mis respuestas, mis preguntas y los nominados en la pestaña "Premios" de la parte superior del blog o haciendo Click Aquí (Es el segundo premio).

La Suerte de Trece IV

Capítulo IV.

Día dos: Noches de Estrellas Sin Firmamento.

Ya se me han pasado las nauseas y vuelvo a tener un color casi humano. Son las diez de la noche y la oscuridad lo engulle todo, puedo ver desde la ventana las pocas estrellas que consiguen competir contra el brillo de la de una ciudad contaminada. 
Wilhem me ha prometido una sorpresa para esta noche, y lo estoy esperando. No se hace de rogar mucho y llama a la puerta. Me sonríe. 
-¿Has pasado alguna noche bajo las estrellas con alguien?
-No, nunca lo he hecho. 
Sin mediar una palabra más, me hace un ademán para salir de la habitación y lo sigo. Caminamos a la par, en silencio. Se oyen algunos grillos, hace bastante frío y el cielo está empezando a encapotarse, tal vez llueva o nieve pronto. Si sigue así no habrá estrellas que ver esta noche. Un escalofrío me recorre el cuerpo y él parece notarlo.
-¿Frío?-Pregunta.
-Un poco-Respondo.
Empieza a quitarse la chaqueta gruesa que lleva y me la ofrece. Niego con la cabeza un poco ruborizada.
-No seas tonta- Dice y me la echa por encima. Sonrío. De nuevo esas extrañas mariposas. De nuevo los remordimientos. Pertenecemos a mundos tan diferentes. Es como vivir al límite. En un mundo a parte, es saber que si alguien descubre todo esto, estaré más condenada que antes y él también. Romance entre un alemán, un miembro del ejército, un miembro importante de la raza aria y una judía que estaba encerrada en un campo de concentración, a punto de perecer gaseada o sabe dios como... ¿Qué ocurrirá si alguien lo descubre? 
Un montón de ideas escabrosas se agolpan en mi mente, después de mucho tiempo vuelvo a tener miedo a morir, a que algo malo ocurra. Vuelvo a temer, porque desde que estalló todo esto tengo de nuevo algo que perder, o mejor dicho alguien a quien perder... ¿Es ésto una cruel broma del destino?
-¿Estás bien? Te has quedado muy callada.
-No... Es sólo... Que me abruma ésta situación. - Decido sincerarme... a medias- Hace sólo unos días ya me había acostumbrado a la idea de morir, la había hecho mía. Me había acostumbrado a pensar que la próxima vez que entrase a un pabellón me gasearían. Deseaba acabar con mi vida... y ahora estoy aquí con un... "doctor alemán" paseando en plena noche, mirando al cielo donde un par de estrellas caprichosas brillan tanto que eclipsan las luces de la ciudad, que dejan al resto de firmamento sin luz. 
-No pienses en eso ahora ... - Hace una pausa - Ven - Me agarra la mano y me acerca¡ a un pequeño banco situado bajo dos grandes árboles- ¿Por qué no me  preguntas algo? ¿No quieres conocer nada de mí?
-¿Por qué te hiciste médico?
- Aunque pueda parecer un cliché, lo que yo deseaba era salvar vidas... Y cumplía mi sueño antes de que estallará la guerra, después todo cambió... Me escogieron para formar parte del movimiento para la creación de nuevos fármacos; yo sólo debía encargarme de escoger a los sujetos con los que experimentaríamos...
-¿Hubo más antes que yo?
-Un par más, hubo una chica que... no me dejó ayudarla... Es complicado, justo cuando estaba a punto de inyectarle el fármaco, agarró un bote de pastillas y se las tragó. Me pidió que por favor no la ayudase, que deseaba morir. Y la dejé. Se tumbó en la camilla y poco a poco se quedó dormida... Cuando me preguntaron que había pasado dije que salí un momento a hacer un comunicado y que cuando volví ya la encontré así...
-¿Y el segundo sujeto?
- Después de lo que ocurrió con la chica, me prometí que trataría de ayudar a cuantos judíos pudiera... El segundo fue un chico fuerte, con los rasgos muy marcados que me puso muy difícil ayudarlo porque sólo aceptó mi ayuda para intentar matarme. Al fin comprendió que yo sólo quería sacarlo del campo de concentración y se dejó guiar... Los fármacos no le hicieron efecto, en una semana, le conseguí ropa, papeles de trabajo y un billete de tren. Lo ayudé a escapar. Y desde entonces no sé nada de él.
 -Gracias por haberme escogido. 
-Gracias a ti por dejarme ayudarte. Yo no estoy para nada de acuerdo con ésta masacre y ojalá la guerra acabe pronto... No puedo salvar a todos los judíos, pero haré lo que pueda  por cuantos pueda.
Cada momento que pasa me resulta menos creíble, empiezo a pensar que quizá todo sea un sueño. Puede que en el momento en que me inyectó el fármaco caí en un coma profundo y ahora mismo estoy tumbada en la camilla y todo esto no es más que fruto de mi trastornada imaginación, de mi subconsciente que se marchita. Pero parece tan real cuando acaricia mi mano con la suya, sus ojos mirándome, su sonrisa. ¿Cómo no va ser real? Pero a la vez, ¿Cómo puede ser tan real?
¿Y si es amor de verdad? Dicen que no entiende de raza, ni de edades, ni de condición social. Dicen que el amor no es racista, ni un narcisista, dicen que es ciego. Amor sin prejuicios. 
Ya empiezo a hablar de amor, ¿Será un efecto secundario del fármaco o un exceso de doctor de Wilhem?



Como el frío de verano que te calienta los inviernos

Soy de las que te muerden los sentimientos. De las que te arañan el corazón. Soy de las que te dejan marca. O cicatrices. De las que envenenan con esmero y te curan con pasión. Soy de las que luchan por lo que quieren y que se joda el resto. De las que se hacen notar. Soy de ese montón que a primera vista no dicen nada, pero que a segunda mirada enamoran.
Soy de las que te van ganando a medida que conoces. Soy de las que alquilan el corazón con opción a compra. De esas que echan de menos a ratos, y que echan de más muy a menudo. Soy de las que te desnudan con la mirada. De las que te dibujan una sonrisa.
Soy de las que te llenan el alma por las noches y dejan un hueco vacío en la cama por las mañanas. De las que guardan un as en la manga. De las que se cuidan las espaldas. De las que viven por vivir. De las que no dejan títere con cabeza, ni pregunta sin respuesta.
Soy de las que cree en el destino pero no deja nada al azar, porque el azar no sabe como quiero yo que salgan las cosas.

La Suerte de Trece III

Capítulo III.

Día Uno: Rosas en el Alféizar de la Ventana.

Me costó mucho conciliar el sueño después de aquella extraña proposición del doctor, pero en cierto modo tenía razón, si era cierto que podía morir en unos días, no iba a ponerme exigente. Me parecía un hombre atractivo, me había salvado la vida, aunnque también me había condenado. No estoy segura de si lo uno quita lo otro. En fin, lo que en realiadad importa es que empezaba asentir algo en el estómago, no se si eran las mariposas esas de las que todos hablan o simplemente tenía hambre.
Me levanté algo adormilada y abrí la ventana, algo llamó mi atención, un ramo de rosas, pero no rosas cualquiera, eran de papel, y en cada pétalo había una nota escrita. Algunas frases, versos. Cada una de las palabras me sacó una sonrisa, cada una de las palabras se me clavó en el alma como una espina. Paradójicamente las rosas de papel no tienen esa clase de púas.
Quería corresponderle, pero no sabía como. Alguien llamó a la puerta.
-¿Trece? ¿Estás presentable? ¿Puedo pasar?
-Sí, adelante.
El doctor entró despacio, me miraba, yo sostenía el ramo entre las manos y el sonrió.
-¿Te ha gustado?
-Me ha encantado- Respondo. Y noto como empiezo a ruborizarme, durante un segundo miro me reflejo en el espejo que está a mi lado. Tengo las mejillas teñidas de rojo y me siento un poco estúpida. Quizá si que sea posible enamorarme. Quizá no sea una locura.
-Me alegro mucho- Se acerca con delicadeza y me las quita de los brazos, las coloca en la mesa y añade - Por suerte no necesitas ponerlas en agua, éstas no se marchitarán.
No puedo evitar mirarlo y sonreír. Me corresponde con otra sonrisa. De repente, empiezo a encontrarme mal, me disculpo y voy al baño. Me miro al espejo, tengo la cara un poco palida. Me echo un poco de agua y espero a que se me pase. En unos minutos parece que me encuentro mejor.
-Trece, ¿Todo bien?
-Si -Respondo, aunque no estoy muy segura de que sea cierto-  Es sólo que me he mareado un poco.
-Vaya... Estaba a punto de preguntarte si querías desayunar conmigo. Puedo preparar tortitas.
"Tortitas" ... No sé hace cuanto que no las como, me recuerdan a aquellos días felices en los que mi madre nos despertaba a mí y a mis hermanos los domingos con el olor del chocolate recién hecho una ración de deliciosas tortitas con nata.
- En seguida salgo- Digo, vuelvo a echarme agua en la cara. Parece que tengo mejor color.
Salgo despacio, me mira con cara de preocupación. 
-¿Cómo estás? - Sin esperar respuesta continúa hablando- Tal vez sea el fármaco, ¿Necesitas algo? 
-Tranquilo, está todo bien.
Sonríe. Salimos de la habtación. En los días que llevo aquí a penas he salido de la habitación, por lo que la casa me parece un laberinto, él en cambio ha vivido allí siempre y camina seguro entre tantas puertas y pasillos. Me guía hasta una preciosa cocina, me invita a sentarme y comienza a preparar las tortitas. 
Sé que no termino de encontrarme bien pero me esfuerzo en ocultarlo. Él es un doctor nazi, y yo una judía. Ha prometido enamorarme. Y yo me esfuerzo en disfrutar cada minuto porque no sé que tiempo me queda. Me aseguró que el fármaco no me mataría pero algo me dice que si. No creo que me haya mentido, pero tampoco creo que lo sepa. Estoy convencida de que piensa que no me hará nada. No sé si lamentarme más por él o por mí misma. De nuevo me encuentro mejor, tal vez esté exagerando.
-Aquí tienes- Dice, y pone ante mí un plato de tortitas. Me sirve un poco de café en una taza y hace lo propio consigo mismo.
-Gracias, doctor.
-Llámame Wilhem, por favor. No puedo enamorarte si no me dejas.
Sonrío. Me parece encantadora su iniciativa, pero no puedo evitar pensar que va a matarme. Sin querer o queriendo ese hombre forma parte de esa masa humana que me arrancó de los brazos de la tranquila vida que llevaba. Es parte del movimiento que mató a mi familia, que me quitó el nombre y me rebautizó como Trece, que me condujo a un campo de concentración. 
Sé que no puedo juzgarlo a él por lo que han hecho sus semejantes, eso es lo que hacen ellos. Pero tampoco puedo olvidar quien es. No creo que pueda enamorarme de él, no creo que él llegue a enamorarse de mí. Pero tiene algo, algo que me hace dudar de lo que pienso. Tiene esa magia en la mirada de la que tanto leí en mis libros. Quizá aún no sienta mariposas en el estómago, pero empiezo a notar oruguitas.
Estoy a punto de levantarme de la mesa cuando los mareos me hacen quedarme en el sitio. La cabeza está a punto de reventarme. Si voy a enamorarme tendrá que ser rápido.
-Wilhem...
-¿Si?
-Gracias por todo y ... Por las rosas, ha sido un detalle precioso.
Sonríe. Y ahora si, creo que las orugas se han convertido en crisálidas y las mariposas están a punto de salir.